Maider López

Belen Ruiz Garrido, 2009

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Camuflajes, La Casa Encendida. Crossing.

Con las palabras ocurre como con las imágenes. Son más ricas de lo que el uso cotidiano o la formación particular de cada uno hacen de ellas. La búsqueda de «cruce» en el diccionario descubre una riqueza nada desdeñable: 1. Acción de cruzar (atravesar una cosa sobre otra); 2. Punto donde se cortan mutuamente dos líneas (el cruce de dos caminos); 3. Paso destinado a los peatones (no necesita de mayor explicación); 4. Acción y efecto de cruzar (animales, para mejorar las castas). 5. Interferencia telefónica o de emisiones radiadas (tampoco precisa glosa). 6. Acción y efecto de cruzarse (dos palabras o formas gramaticales). Física, gramática, biología, acústica, electricidad, espacios, ciudades, pasatiempos, universos que discurren en paralelo compartiendo significantes. Una nueva hojeada al diccionario vincula sorprendentemente «paralelo» con «cruce».

Los mundos cruzados de Maider López. En palabras de la artista: «el proyecto Crossing consiste en una serie de fotografías tomadas cuando una persona camina por delante de un edificio o elemento urbano del mismo color que el del atuendo de la persona. Las fotografías, tomadas en Rotterdam, muestran escenas urbanas en las que, en algunos casos más claramente, y en otros de una manera más sutil, la gente se camufla con la arquitectura a través del color de sus ropas. Se trata de escenas que hablan sobre la ciudad y las diferentes tipologías urbanas, en el momento del encuentro entre la arquitectura y la persona». Sobre su método de trabajo, precisa: «espero delante de un edificio hasta que alguien vestido del mismo color del edificio pasa a lo largo, o sigo a alguien hasta que pasa por un elemento del mobiliario urbano del mismo color de su chaqueta». La dimensión en la que López posiciona su labor como artista -y también como usuaria de la ciudad- tiene mucho que ver con las habilidades necesarias tanto en la profesión detectivesca como en la del jugador experto: intriga, ojo sagaz, necesidad de esclarecer algo oculto, de desenmascarar al farsante, estrategias de disimulo y buenas dosis de paciencia para poder convertir los hechos en pruebas irrefutables. Por lo tanto, no todo queda en manos del azar.

Maider, heroína moderna, se comporta como una especie de flâneuse renovada y jovial, desprovista del triste y mortífero peso del ennui baudelairiano, y, sin embargo, con sorprendentes puntos de contacto con aquel. De nuevo los cruces. «8audelaire introdujo a este caminante romántico y eterno en la metrópolis, le confió la misión de espiar a la multitud y le exigió esa pasión por los viajes, ese odio hacia todo domicilio estable y ese gusto por el disfraz y la máscara que le convertían en ‘el pintor de la vida moderna’, en el merodeador solitario y vampírico, en el flâneur, paseante ocioso y observador perspicaz», nos recuerda Enrique López Castellón. De este modo, la artista fija con sus fotografías aspectos inéditos de la ciudad, formas frescas y extrañas de relacionarse con ella. Los ciudadanos como integrantes anónimos de la urbe toman protagonismo, no por desvelar su identidad, que queda siempre a salvo, sino por rimar con el entorno. Y la ciudad se revela como un espacio vivo donde tiene lugar la mágica alquimia de los colores. Asistimos al descubrimiento de seres y arquitecturas, que de forma azarosa, poetizan sus respectivos trasiego anodino y estabilidad constructiva, trascendiéndolos con un exultante mimetismo cromático. La obra de Maider López “nos fuerza con delicadeza a reexaminar nuestro entorno y a nosotros mismos, nuestras calles, nuestros bosques, nuestro lugar de aparcamiento, nuestro código de conducta urbano. No aspira a que todo eso cambie pero sí a que lo reevaluemos con ojos nuevos», dice Isabel Coixet.

El trabajo fotográfico en manos de López desborda unos supuestos límites y también se cruza con sus intereses estéticos y su trayectoria artística: desde la pintura y el poder formal y sígnico de las líneas y los colores, la escultura y la arquitectura, los volúmenes y espacios, la naturaleza y el artificio, la manipulación y el azar, el disfraz y el camuflaje.

Volvamos al principio. La lógica del mundo, dispersa en una especie de limbo, se descifra en encrucijadas. Y entonces los Crossing de Maider López, cobran dimensiones paralelas: 1. En el ámbito urbano el transeúnte al atravesar un espacio interactúa con el mobiliario urbano, objetos de diversa índole, otros viandantes, los edificios; 2. Dos elementos operativos, viandantes y edificios con coincidencias cromáticas, son captados en un espacio de encuentro; 3. Esta no necesitaba explicación, por lo tanto es muy obvia: los pasos por donde deambulan los peatones en las ciudades son lugares destinados a tal fin; 4. De la confluencia de realidad, azar e intención artística surge una nueva realidad que es la imagen fotográfica, la imagen artística, ¿se mejora la casta?; 5. Una interferencia en el tiempo supone «congelar» el momento de paso del transeúnte uniformado con el color de la pared; 6. Como en los crucigramas y scrabbles, o en los videojuegos –Crossing resulta ser un título recurrente-, deambulamos por paraísos de la alteridad temporal y espacial.

 

Proyecto Crossing